Entonces un habla me habló sin voz: «¿Lo sabes, Zaratustra?»
Y yo grité de terror ante ese susurro, y la sangre abandonó mi rostro: pero callé.
Entonces volvió a hablarme sin voz: «¡Lo sabes, Zaratustra, pero no lo pronuncias!»
– Y yo respondí por ⋯
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