
El combate contra la finalidad en el arte es siempre un combate contra la tendencia moralizante en el arte, contra la subordinación de este a la moral. L’art pour l’art significa «¡Al diablo con la moral!». […] De este modo, el arte fortalece o debilita ciertas valoraciones… ¿Es esto sólo algo accesorio? ¿Algo accidental? ¿algo en lo que no habría participado en absoluto el instinto del artista? O más bien: ¿no es el presupuesto para que el artista pueda…? ¿Su instinto más básico se dirige hacia el arte o, antes bien, hacia el sentido del arte, la vida? ¿Hacia un desideratum de la vida? El arte es el gran estimulante para la vida: ¿Cómo podría ser concebido sin finalidad, sin meta, como l’art pour l’art? […] ¿Qué comunica el artista trágico de sí? ¿Acaso no exhibe precisamente el estado sin temor ante lo temible y problemático? Este estado es un elevado desideratum; quien lo conoce lo honra con los máximos honores. El artista lo comunica, tiene que comunicarlo, presuponiendo que sea un gran artista, un genio de la comunicación. La valentía y la libertad del sentimiento ante un enemigo poderoso, ante un infortunio sublime, ante un problema que provoca horror; este estado victorioso es el que elige el artista trágico, el que él glorifica. Ante la tragedia celebra sus saturnales la parte guerrera de nuestra alma; quien está acostumbrado a sufrir y va en procura del sufrimiento, el hombre heroico, con la tragedia ensalza su existencia; únicamente a él sirve lo trágico la bebida de esta dulcísima crueldad.
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