La práctica de la ayuda mutua
[…] ni los poderes aplastantes del estado centralizado, ni las enseñanzas del odio mutuo y de la lucha sin piedad que, adornadas con los atributos de la ciencia, se extraen de complacientes filósofos y sociólogos, podrán acabar con el sentimiento de la solidaridad humana, profundamente arraigado en la mente y en el corazón de los hombres. Que fue el resultado de la evolución ya que sus etapas más tempranas no pueden ser dominadas por uno de los aspectos de esa misma evolución. Y la necesidad de mutua ayuda y apoyo que finalmente se ha refugiado en el estrecho círculo de la familia, o en los habitantes de los barrios pobres, en el pueblo, o en la unión secreta de los trabajadores, vuelve a reafirmarse […] Y el hombre se ve llamado a dejarse guiar en sus actos, no solamente por el amor, que siempre es personal, o en el mejor de los casos tribal, sino por la percepción de su unidad con cada ser humano. En la práctica de la ayuda mutua, que podemos retroceder hasta los inicios de la evolución, encontramos, por tanto, el origen positivo e indudable de nuestras concepciones éticas; y podemos afirmar que en el progreso ético de los hombres, el apoyo mutuo –y no la lucha mutua- ha desempeñado el papel más destacado. En su amplia extensión, incluso en los tiempos actuales, vemos también la mejor garantía de una evolución todavía más elevada de nuestra raza.

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Créditos
[icon name='user-md' title='Autore'] • William Heinemann •
[icon name='envira' title='Sorgente'] • Pëtr Alekseevič Kropotkin •
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