Te queman por ser mestizo, te queman por tener cara de pueblo, te queman porque no te pareces a ellos, te queman porque no usas sus ropas, sus perfumes ni sus zapatillas, te queman por tu historia gris y sin farándula, te queman porque hueles a fritanga y porque tienes los dientes torcidos, te queman por tus espinillas y tu nariz chata, te queman por tu pelo aplastado y por tus ojos negros, te queman por tu apellido sin abolengo, te queman por tu rostro sudado, tu pies descalzos y por tus uñas llenas de tierra, te queman por tener brazos cobrizos, cuerpo aindiado, cutis indiano, no te queman porque seas allendista ni te queman por ser chavista o por defender a Maduro, te queman porque tus Derechos amenazan sus intereses, te queman porque tuviste la mala idea de nacer en una geografía abundante en cobre o exuberante en petróleo, te queman porque ni se te ocurra pensar que esas riquezas también son tuyas, te queman porque tu presencia les molesta y no les permite robarte tranquilos en el sosiego de las sombras y la ignorancia cómplice, te queman porque eres una amenaza a su impunidad y al saqueo criminal en el que han vivido todas sus vidas, te queman porque exiges ser persona y reclamas dignidad, así, al final, te queman porque sí y también te queman porque no, por descarado, por no ser uno de ellos, por rebelde, por subversivo, aunque tu rebeldía y tu subversión no sea otra cosa que ser diferente, que apenas, te tocó no ser uno de ellos… cuándo entiendas esto, quizás entiendas que esta guerra es de clases sociales y no sirve “no ser de izquierda ni de derecha”, porque en la derecha no está cualquiera ni en la izquierda tampoco, y aunque no falten los desorientados ni los desclasados, esos son los menos porque aquí no sirven las ambigüedades, porque esta guerra no es culpa de los lentes de Allende, la boina de Chávez ni el bigote de Maduro… procura darte cuenta a tiempo para que no seas otro, o alguien de los tuyos, que nuevamente termine ardiendo en llamas, comprende antes de que sea tarde, hoy, un joven venezolano y apenas ayer jóvenes chilenos, ayer se llamaron Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana, hoy se llama Orlando Figuere. Entiende de una buena vez para que nunca en Chile ni en Venezuela -y en ninguna parte del planeta-, se quemen a jóvenes por nuestras calles en nombre del odio y la barbarie… la sociedad de ellos se llama democracia, orden y respeto, a la nuestra la llaman caos, tiranía y comunismo, ellos son los demócratas y nosotros somos los terroristas aunque son ellos los que queman y nosotros somos los que tenemos que ser quemados. En esta historia, no cabe cruzar a la vereda del frente ni agazaparse en el claroscuro del limbo de la indiferencia. se es yunque o se es martillo… no hay alternativa.

Créditos
 • Juan Patricio Ponce Valdés •
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