
La rebelión de los esclavos en la moral se inicia cuando el resentimiento mismo se vuelve creador y alumbra valores: el resentimiento de aquellos seres a quienes les está Vedada la auténtica reacción, la del acto, y que sólo se resarcen mediante una venganza imaginaria. Mientras que toda moral distinguida nace de un triunfante sí dicho a uno mismo, la moral de los esclavos de antemano dice no a un «no-uno-mismo», y este no es su acto creador. Esta inversión de la mirada que establece valores – este necesario dirigirse hacia fuera en lugar de volverse hacia sí – pertenece precisamente al resentimiento: para surgir, la moral de los esclavos necesita siempre primero de un mundo contrapuesto y externo, necesita, hablando fisiológicamente, de estímulos externos para poder siquiera actuar – su acción es, de raíz, reacción.
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