El 15 de agosto de 1964, cuando entregaba a un grupo de trabajadores reconocimientos por su actitud de vanguardia en el trabajo, aclaraba que el poema no era de su autoría, sino «de un hombre desesperado (…) un viejo poeta que está llegando al final de su vida», y recitaba de memoria:
«Pero el hombre es un niño laborioso y estúpido
que ha convertido el trabajo en una sudorosa jornada,
convirtió el palo del tambor en una azada
y en vez de tocar sobre la tierra una canción de júbilo,
se puso a cavar.
Quiero decir que nadie ha podido cavar al ritmo del sol,
y que nadie todavía ha cortado una espiga con amor y
con gracia».

Créditos
Ernesto Guevara
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